ANTROPOLOGÍA CRISTIANA: S. AGUSTÍN (A)

1. MIEMBROS DEL GRUPO
Laura Sánchez Fernández
Marina Calvo Zarco
Sara de Hita Moreno
Natalia Riaño Mejía


2. FUENTES
http://filosofiasc.galeon.com/hombreagus.pdf
http://www.mercaba.org/DicTF/TF_antropo_cristiana.htm
http://www.almudi.org/Articulos/tabid/475/ID/446/Antropologia-en-el-Catecismo-de-la-Iglesia-Catolica.aspx
Libro de Filosofía y ciudadanía 1º BACHILLER
http://www.webdianoia.com/medieval/agustin/agustin_filo2.htm
http://www.kalipedia.com/filosofia/tema/edad-media-renacimiento/creacion.html?x=20070718klpprcfil_132.Kes&ap=0
http://www.webdianoia.com/medieval/agustin/agustin_filo2.htmhttp://feyrazon.org/DanAgustin.htm
http://guillermogsantibanez.blogspot.com.es/2007/03/el-problema-del-mal-en-san-agustin.html
http://www.monografias.com/trabajos15/filosofia-medieval-cristiana/filosofia-medieval-cristiana.shtml

3. ESQUEMA


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4. GUIÓN

En nuestro trabajo expondremos la visión del ser humano desde la perspectiva cristiana desarollada por San Agustín en el siglo IV Y V.

-ESQUEMA-

SARA: dualidad del cuerpo y el alma
NATALIA: creación del hombre, pecado original, libertad
LAURA: el mal, ciudad terrenal, condena...
MARINA: el bien, ciudad de Dios, salvación...

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DUALIDAD DEL CUERPO Y EL ALMA
La concepción antropológica de San Agustín es parecida a la teoría platónica del hombre a la cual se han añadido una serie de elementos de la tradición cristiana que han hecho que se cree la distancia con el platonismo.

El hombre es un ser social, creado a imagen y semejanza de Dios por Dios para estar en comunión con los demás y creado superior a cualquier otro ser vivo. Al hombre se le puede conocer a través de Cristo (Dios hecho hombre).

“El ser humano es un alma racional que se sirve de un cuerpo mortal y terreno” (San Agustín)

San Agustín mantiene una postura dualista del ser humano, con un matiz, que las dos partes están unidas en la vida y solo se separan en el momento de la muerte. Estas dos partes son el cuerpo (materia)y el alma(forma)

El cuerpo es solo un instrumento del que se vale el alma en la vida terrenal, es lo que llamamos materia. El cuerpo hace de la persona un ser cósmico, inserto en este mundo, solidario con los otros y con una identidad definida.

El alma sin embargo es la esencia de las personas. Esta es la que está creada a imagen y semejanza de Dios. Según San Agustín el alma se conoce a sí misma mejor que a las cosas exteriores, lo que permite la búsqueda interior de la verdad (Verdad y felicidad = Dios). El alma es inmortal, simple, inmaterial y espiritual. Sin embargo el alma es inmortal pero no eterna. Si esta no es eterna y no existe desde siempre ¿Cuál es su origen?, ¿Quién la ha creado? No sin problemas San Agustín se inclina por una posición denominada traduccionismo, teoría que dice que las almas de los hijos provienen de las de los padres, llegando así hasta Adán y Eva, de donde explicamos la transmisión del pecado original. El alma es mudable y en ella residen las sensaciones y las reglas morales.

El hombre también posee una capacidad de lo divino, a esto lo llamamos espíritu.

La antropología moderna prefiere hablar de que el hombre ES cuerpo y alma, y no que TIENE cuerpo y alma.
Por lo tanto el hombre; por ser cuerpo se halla sometido a una dimensión espacio-temporal , estamos unidos a los demás hombres y somos mortales y finitos; por ser alma transcendemos del mundo y estamos llamados a la inmortalidad que no tiene sentido si no es en comunión con Dios.
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CREACION DEL HOMBRE, LIBERTAD Y PECADO ORIGINAL
Desde el principio de la historia, se ha concebido a Dios como un ser sobrenatural, el cual tiene la capacidad de crear de la nada cosas materiales. De esta manera, Dios creo al hombre (Adán) y a la mujer (Eva) a su imagen y semejanza y les dio el paraíso como lugar eterno para vivir, con la condición de que no podían comer del fruto prohibido (representado generalmente como una manzana). Pero, por la tentación del mal, Eva comió de la manzana y obligó a Adán a hacerlo también. Debido a esto, surgió el pecado original, que se define como el pecado que tienen todos los hombres al nacer debido a esta acción de los primeros seres humanos. Como se dijo anteriormente, las almas se transmiten de padres a hijos y por tanto con ellas el pecado original.
Como castigo, pone fin a sus vidas con la muerte al final de estas, por tanto les priva de la eternidad y les obliga a vivir en la Tierra, dándoles la libertad de elección, por lo que surge el bien (cerca de Dios) y el mal (lejos de Dios). Les castiga también con la capacidad de sentir el dolor y sufrimiento. Sin embargo les da la opción de volver a la eternidad con Dios, convirtiéndose en semejantes a su hijo, Jesús, que sería el nuevo Adán, encargado de redimir los pecados de toda la humanidad.
Según San Agustín, todo esto es concebido de la siguiente manera:
1. La creación divina es libre, instantánea y total.
2. El hijo hecho a imagen y semejanza de Dios solo hace referencia al alma de cada persona, no a su cuerpo, por lo que puede entrar en contacto directo con Dios y hablar con él espiritualmente.
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EL BIENEl hombre es un ser libre y posee voluntad para elegir, se presentan en él dos caminos por los cuales puede inclinarse: uno es el camino del bien (correcto) y el otro el camino del mal (erróneo).
El bien es esa realidad que invade al hombre (también actúa y se hace visible en todas las criaturas) abarcando todo su ser.Pongamos un ejemplo: la enfermedad. Toda enfermedad nos quita fuerza y energías, reduce en algo nuestro modo de ser. Por otra parte, todos consideramos la enfermedad como un mal. Y de la misma manera que la enfermedad es una falta de salud, el insulto o violencia pueden ser falta de caridad, y el crimen falta del sentido de la justicia. En todos estos casos concretos el mal se presenta, por una parte, como carencia de un bien y, por otra, como una negación de nuestro propio ser. Si generalizamos a partir de estos ejemplos o nos preguntamos qué es el mal, podemos pensar, con san Agustín, que el mal es siempre una carencia.De este modo el bien se identifica con el ser, el mal con la falta de ser. El bien supremo es también el ser supremo de Dios, el mal absoluto sería una pura hipótesis, una inexistencia, ya que habría que hacerlo coincidir con el no-ser. La misma idea puede expresarse en forma positiva: todo lo que existe, en cuanto existe según la forma de ser que les es propia, es un bien; el mal es la renuncia o la carencia de este ser. El mismo pecado debe interpretarse no como “el deseo de una naturaleza mala”, sino como “el abandono de una mejor”. Al referirse al pecado original, dice San Agustín: “El hombre no apeteció una naturaleza mala cuando echó mano al árbol prohibido, sino que dejando lo que era mejor, cometió por sí un acto malo”.
Dicho esto, según San Agustín, podemos distinguir dos concepciones del bien: el bien moral y el Bien Absoluto o Sumo Bien. -El bien moral. El bien moral aparece involucrado en el pensamiento del hombre, es decir, a la hora de actuar frente a una realidad o situación determinada. Como es conocido por todos, lo contrario al bien es el mal, que San Agustín definió, como toda ausencia de bien. En el plano moral el hombre debe decidir por cual de estos dos caminos optar.-El Bien Absoluto o Sumo Bien, Al hablarse del Sumo Bien necesariamente tenemos que hablar de los grados de perfección y de participación. Desde los primeros pensadores que reflexionaron en torno a esta realidad se ha hablado de un Bien Supremo, del cual todo bien se desprende por participación de este a los demás seres. San Agustín al hablar del Bien Absoluto, por su condición cristiana y visto desde un punto teológico, afirma que tal "Sumo Bien" necesariamente tiene que ser Dios, el cual por participación se da a las criaturas.
Aquellas personas que elijan el bien (tanto moral como Absoluto o Sumo Bien), pasarían a formar parte de la Cuidad de Dios, formada por todos los creyentes, obteniendo así, la posibilidad de conseguir tras la muerte la vida eterna que Dios les ofrece.


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EL PROBLEMA DEL MAL: “Aquellos que se aman a sí mismos hasta el desprecio de Dios”

El mal para San Agustín fue una fuente de preocupaciones. Le preocupó en cuanto a la conducta de los hombres y en cuanto a su relación con la vida moral, pero le preocupó sobre todo en cuanto a la comprensión de la presencia del mal y en relación con la existencia de Dios.Para San Agustín, una cuestión antropológica y teológica fundamental es que el ser humano no tiene otro destino que Dios. En Dios está la misma esencia del ser humano. Sin privársele de su libertad personal, el ser humano nace dentro de un orden divino marcado por un claro referente: DIOS.

De esta manera Dios es la libertad del hombre, ya que el ser humano es únicamente libre sometiéndose al orden de Dios. Pero apartarse del Bien inmutable es un acto de la voluntad. Dios le concedió al ser humano la capacidad de elegir dos opciones: la opción del bien, el amor a Dios y a nuestro prójimo, y la del mal, el abandono de nuestro propio ser.

La idea del mal concebida por San Agustín es relativa. Lo que existe verdaderamente es siempre un bien. Y si el mal es relativo y es falta de ser, no puede limitar a Dios perfecto y bueno. Para que haya mal tiene que haber bien ya que el mal es una carencia del bien (del ser), por lo tanto si no hay ser no puede haber carencia de ser.
El mal nos quita fuerza y energías, reduce en algo nuestro modo de ser, antepone lo sensible a Dios. Se intenta buscar la felicidad en el mundo terrenal, el de los deseos, que según San Agustín son: “Aquellos que se aman a sí mismos hasta el desprecio de Dios”. En todos los casos concretos, el mal se presenta, por una parte, como carencia de bien y, por otra, como una negación de nuestro propio ser. Si generalizamos a partir de unos ejemplos u otros, nos preguntamos qué es el mal, podemos pensar, como pensaba San Agustín, que el mal es siempre una falta, una falla, una carencia.

Un pecado debe interpretarse no como “el deseo de una naturaleza mala”, sino como “el abandono de una naturaleza mejor”. Al pecar el ser humano sale de sí mismo, de su orden y se vacía al exterior, olvidándose más y más de su yo espiritual (bien) y de Dios. La ciudad terrenal, el desprendernos de Dios, hace que cometamos pecados. El pecador se halla perdido, por lo tanto busca el perdón de Dios, mediante la confesión, porque desea reparar todo el mal que haya podido causarle. De este modo, con el arrepentimiento encontramos la salvación de Cristo y por tanto la vida eterna después de la muerte.
Ese es el camino que Dios quiere para los hombres: el del arrepentimiento y perdón de los pecados. Pero hay veces que no existe el arrepentimiento, por lo que si no nos arrepentimos nunca podremos obtener el perdón de Dios y sufriremos el castigo eterno (infierno) después de la muerte.

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